lunes, 21 de mayo de 2012

ANOREXIA Y OBESIDAD

EL ESTANQUE DE BIESCAS

Lydia Giménez-Llort

Este cuento está dedicado a todas las Os y las is que aún se miran en el río, para que estas palabras de este cuento sean las primeras gotas que llenen su estanque. El escenario de este cuento existe de verdad y es un pueblo llamado "Biescas" en el Valle del Tena del bello Pirineo aragonés.

Había una vez, en el mundo de las letras, un sitio dividido en dos partes por un río. En uno de los lados vivía la familia i. Fabricaban palabras y cosas que contenían la i. 

Todas las is eran muy delgadas y finas, pero nunca notaban su excesiva delgadez porque todas las is eran iguales y cuando se miraban en el río su silueta deformada les parecía la de una persona gorda. Así que comían muy  poquito, muy poquito. Cada vez estaban más delgadas. A pesar de ello, su imagen en el río aparecía siempre deformada.

Así que la delgadez de las is fue haciéndose tan extrema que algunas, cuando se doblaban para ponerse los zapatos, se rompían por la mitad. Las is siempre tenían mucho frío y se cansaban tanto cuando caminaban que tenían que descansar en la cama para recuperar las fuerzas perdidas.

En el otro lado del río vivía la familia O. Fabricaban palabras y cosas que contenían la O. 

Todas las Os eran redondas, orondas y muy gordotas. Pero nunca notaban su excesiva gordura porque todas las Os eran iguales y cuando se miraban en el río su silueta deformada les parecía la de una persona esbelta. 

Así que seguían comiendo y comiendo sin preocuparse por su gordura. Las Os eran tan orondas que les costaba verse los pies y no alcanzaban a ponerse los zapatos. Las Os siempre tenían mucho calor. Como se cansaban mucho al caminar, rodaban dando volteretas y tenían que pasar la mayor parte del tiempo sentadas.

Pero un día de otoño sopló mucho viento y una ráfaga de aire se llevó volando a una i que paseaba cerca del río como si fuera una pluma y otra ráfaga de aire cruzado se llevó a una O como un globo suelo a merced del aire.

La i y la O aterrizaron en una pequeña isleta deshabitada que había en medio del río.

-¡Dios mío! ¡Esta vocal está enferma!- Exclamaron las dos a la vez, horrorizadas al verse mutuamente.

Como la corriente del río era muy intensa, las vocales no podían regresar a casa y tuvieron que quedarse en la isla hasta que volviera a soplar el viento. La i era tan delgada y la O tan gorda, que formaban una extraña pareja. ¡Eran tan diferentes!

Un día, caminando aburridamente por la isla descubrieron un pequeño estanque de agua cristalina. Se acercaron a él y por primera vez la quietud y claridad de sus aguas, cual espejo, les permitió ver cómo eran sus siluetas de verdad.

Mientras esperaban la llegada de nuevas ráfagas de viento, la i y la O tuvieron que convivir juntas y ayudarse mutuamente.

Los calores de la O ayudaron a la i a sobrevivir durante el frío invierno. Y el frío de la i ayudó a la O a pasar el caluroso verano.

Poco a poco, la i empezó a comer un poco más, aprendió a saborear el placer de la comida y dobló su tamaño en dos. A su vez, la O aprendió a comer alimentos más saludables y redujo su tamaño a la mitad. 

Cuando por fin volvió otra vez el otoño con sus fuertes ráfagas de viento, la O y la i comprendieron que era hora de separarse y regresar a casa. Así que se hicieron una promesa y se despidieron con un gran abrazo. 

Luego se acercaron a cada lado de la isla esperando a que una ráfaga las devolviera de regreso a casa. Cuando llegaron, sus familias les estaban esperando ansiosas.

Pero cuando las vieron encontraron que su apariencia era un poco extraña. No parecían las mismas...La O había perdido una mitad, mientras que la i se había duplicado.

Pero la O y la i recordaron su promesa así que cada una en su lado del río...cavó un hoyo profundo ante la extrañeza de todos.

Cuando llegaron las lluvias del invierno, los dos hoyos se llenaron de agua...y formaron dos estanques. Entonces la i y la O llamaron a todos los miembros de su familia y les hicieron acercarse a los estanques para verse reflejados en ellos.

Horrorizados por lo que vieron, la familia de la O y la familia de la i comprendieron que su imagen no era la que ellos siempre tuvieron de sí mismos.

Así que la i enseñó lo aprendido y su familia empezó a comer un poco más, mientras que la O enseñó a la suya a escoger alimentos más saludables.

Con la llegada de la primavera, la familia de la O y de la i estaban trasformadas y convertidas en nuevas siluetas: una media "O" que según rodara hacia un lado u otro llamaban "a" o "e", y una doble "i" que llamaron "u". Y siguiendo sus oficios, la familia de la O construyó palabras y cosas que contenían la O, la a y la e, mientras que la familia de la i construyó palabras y cosas que contenían la i y la u.

Al llegar el otoño, de un lado del río las Os, as y es, y por el otro las us y las is se acercaron a la orilla del río esperando que el viento las llevara a la isla para reencontrarse otra vez. Después del abrazo de reencuentro, las dos amigas y sus hermanas trabajaron juntas para construir una cosa que contenía las nuevas vocales. Y una vez acabaron la construcción, las vocales utilizaron el "puente" para pasar de un sitio al otro del río y poder conocer a las dos familias.

Y desde entonces, los dos lados del río están conectados y las vocales van y vienen. Así que las palabras y las cosas son como son, pueden contener todas las vocales.

Las 5 vocales nos recuerdan que: 

A.- El agua es la bebida más saludable y hay que tomar 2-3 raciones de lácteos al día.
E.- El pan, los cereales, el arroz y la pasta son la base de la nutrición.
I.- Es muy importante comer 5 raciones de frutas, verduras u hortalizas al día.
O.- También 2-3 raciones de pescado, carne, aves o legumbres.
U.- Y claro está: ¡grasas, aceites y dulces cuantos menos mejor!

Si os apetece podéis ver el pequeño vídeo del cuento 




COMENTARIO

Otro bonito cuento Oyakudachi de Lydia Giménez-Llort que nos ayuda a reflexionar sobre dos trastornos alimentarios que hoy día están sufriendo tantos jóvenes y de los cuales hay cada día niños de menor edad afectados.

Lydia, en su generosidad, me ha autorizado de nuevo a publicar cualquier parte de su obra que yo considere oportuna, así que, ¡muchas gracias Lydia por compartir estos bellos cuentos con nosotros!
Montse



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