domingo, 8 de julio de 2012

CUENTO SOBRE LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN

VIRTUDES CHOIQUE

Carlos Joaquín Durán en "Cuentos para curar el empacho"
(gracias a Diana Michaelsen por haberme recomendado este precioso cuento)

"Si conseguimos que cada niño se sienta el mejor de su escuela, el mejor de sí mismo en la escuela y en la familia, habremos avanzado un gran trecho. Suscribo con entusiasmo el pensamiento de Ernesto Sabato: “La búsqueda de una vida más humana debe comenzar por la educación”". Extracto del comentario publicado por Miguel Ángel Santos Guerra en su blog El Adarve. Se incluye en su post EL PRIMERO DE LA CLASE publicado el 30 septiembre 2006.



Había una vez una escuela en medio de las montañas. Los chicos que iban a ese lugar a estudiar, llegaban a caballo, en burro, en mula y en patas. Como suele suceder en estas escuelitas perdidas, el lugar tenía una sola maestra, una solita, que amasaba el pan, trabajaba una quintita, hacía sonar la campana y también hacía la limpieza. Me olvidaba: la maestra de aquella escuela se llamaba Virtudes Choique, ordeñaba cuatro cabras y encima, era una maestra llena de inventos, cuentos y expediciones.

Como ven hay maestras y maestras. Ésta del cuento vivía en la escuela. al final de la hilera de bancos, tenía un catre y una cocinita. Allí vivía, cantaba con la guitarra y allí sabía golpear la caja y el bombo. Los chicos no se perdían ni un sólo día de clases. Principalmente, porque la señorita tenía tiempo para ellos. En último lugar estaba el mate codico con leche de cabra, que Virtudes servía cada mañana.

La cuestión es que, un día, Apolinario Sosa volvió al rancho y dijo a sus padres:

- ¡Miren, miren!...¡miren lo que me ha puesto la maestra en el cuaderno! -

Los padres miraron y vieron unas letras coloradas. Como no sabían leer, pidieron al hijo que les dijero lo que allí decía; entonces leyó: "Señores padres, les informo que su hijo Apolinario es el mejor alumno".

Los padres de Apolinario abrazaron al hijo, porque si la maestra había escrito aquello, ellos se sentían bendecidos por Dios.

Sin embargo, al día siguiente, otra chica llevó a su casa algo parecido. Esta chica se llamaba Juanita Chuspas, y voló con su mula al rancho para mostrar a sus padres lo que le había escrito la maestra: "Señores padres: les informo que Juanita es la mejor alumna".

Y acá no iba a terminar la cosa. Al otro día, Melchorcito Guare llegó a su rancho chillando como loco de alegría:

-¡Mire mamita, mire!, la maestra me ha puesto una felicitación de color colorado, acá, miren, vean: "Señores padres, les informo que su hijo Melchorcito es el mejor alumno".-

Así los 56 alumnos de la escuela llevaron a sus ranchos una nota que aseguraba: "Su hijo es el mejor alumno".

Y así hubiera quedado todo, si el hijo del boticario no hubiera llevado su felicitación. Porque les cuento: el boticario, don Pantaleón Minoguile, apenas se enteró de que su hijo era el mejor alumno, dijo:

- Vamos a hacer una fiesta; ¡mi hijo es el mejor de toda la región!. Hay que hacer un asado con baile. El hijo de Pantaleón ha honrado a su padre y lo vamos a celebrar como Dios manda -

Y escribió una carta a la maestra : "Mi estimadísima, distinguidísima y hermosísima maestra: el sábado que viene voy a dar un asado en honor de mi hijo. Usted es la primera invitada, le pido que avise a los demás alumnos para que vengan al asado con sus padres. Muchas gracias. Beso sus pies. Pantaleón Minogulle, Boticario".

Imagínense el revuelo que se armó. Ese día cada chico voló a su casa para avisar del convite. Y como sucede siempre entre la gente sencilla, nadie faltó a la fiesta. Bien sabe el pobre cuánto valor tiene reunirse, festejar, reirse un rato, cantar, saludarse, brindar y comer un buen asado.

Por eso ese sábado todo el mundo bajó hasta la casa del boticario, que estaba mas adornada que nunca. Enseguida se armó la fiesta. Mientras la señoritaVirtudes cantaba una baguala, el mate iba de mano en mano, y la carne del cordero se iba dorando. Por fin don Pantaleón, dio unas palmadas y pidió silencio. Todos prestaron atención. Seguramente iba a comunicar una noticia importante. Y Don Pantaleón leyó el siguiente discurso:

"Señoras y señores los he reunido para festejar una noticia que me llena de orgullo. Mi hijo acaba de ser nombrado por la maestra como el mejor alumno. Nada mas y nada menos."

Levanto el vaso con vino y continuó: "Por eso los invito a levantar el vaso y brindar por este hijo que ha honrado a su padre, su apellido y a su país".

Contra lo esperado, nadie levantó el vaso. Nadie aplaudió. Al revés. Los padres empezaron a mirarse serios. El primero en protestar fue el papá deApolinario:

-"¡Yo no brindo nada acá el único mejor es mi chico!" -

Así comenzaron los gritos porque cada cual desmentía al otro. Entonces se oyó la voz de la señorita Virtudes:

Paren, cuidado con lo que van a hacer! ...Esto es una fiesta...-

La gente bajó las manos y se quedó quieta. Por fin uno dijo:

-Maestra usted ha dicho una mentira, usted le ha dicho a todos lo mismo -

Y Virtudes comenzó a reírse como loca de contenta, y dijo:

- Bueno. Ya veo que ni acá puedo dejar de enseñar. Escuchen bien y abran las orejas, pero abran también el corazón. Porque si no entienden, adiós fiesta. Yo seré la primera en marcharme. Yo no he mentido. He dicho la verdad. Verdad que pocos ven y por eso no creen. Voy a darles el ejemplo de que digo verdad. Cuando digo que Melchor es el mejor, no miento; Melchorcito no sabrá las tablas de multiplicar pero es el mejor arquero de la escuela... Y cuando digo que Apolinario es el mejor alumno, tampoco miento. Y Dios es testigo que aunque es un poco desprolijo, es el mas dispuesto para ayudar en lo que sea... -

Y así lo fue haciendo con cada uno de los 56 alumnos. Y agregó:

- ¿Debo seguir explicando? ¿Acaso no entendieron? Soy la maestra y debo construir el mundo con estos chicos, sus hijos. Entonces ¿con qué levantaré la Patria? ¿Con lo mejor o con lo peor?...-

Poco a poco cada cual se fue buscando su hijo. Y lo miró con ojos nuevos. Porque siempre habían visto principalmente los defectos y ahora empezaban a sospechar que cada defecto tiene una virtud que le hace contrapeso. Y que es cuestión de subrayar, estimular y premiarlo mejor.

Y entonces el boticario gritó:

-¡A comer que el asado está listo ! ...¡Y a brindar porque el festejo hay que multiplicarlo por 56!
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1 comentario:

Xuan Mcguiver dijo...

Grandes palabras de Ernesto Sábato y, lección magistral de la srta. Virtudes.
Todos y cada uno pueden ser los mejores...
Cada ser humano es portador de unos valores, a veces demasiado ocultos, que hay que descubrir, desarrollar, potenciar y valorar, estimulándolos para sacar lo mejor de cada uno.
Ese es el gran reto de la Educación.

Gracias Montse.