sábado, 18 de agosto de 2012

METÁFORAS EN PSICOLOGÍA: CIELO E INFIERNO

CIELO E INFIERNO

Anónimo

 
Una mujer falleció, y en su viaje hacia la otra vida se encontró a sí misma de pie en una sala de banquetes extremadamente cuidada. Las paredes estaban recubiertas con las maderas más caras, de los altos techos colgaban arañas de luces de cristal y los lienzos de todos los grandes maestros de la pintura adornaban la estancia.

En el centro del salón estaba desplegada una inmensa mesa de banquete, con todos los manjares posibles y los vinos más apreciados del mundo. «Debe ser el cielo», pensó, un poco sorprendida. No creía que hubiera llevado una vida tan meritoria o santa como para merecer tal recompensa. Sin amilanarse, corrió ansiosa a ocupar su sitio en la mesa, se dejó caer sobre la silla y entonces se dio cuenta de algo espantoso.

Tenía los dos brazos entablillados. No podía doblar los codos. Sentía sus manos como si estuvieran al final de un poste. No le costaba coger los delicados manjares repartidos por la mesa, pero era incapaz de llevárselos a la boca. Cuando se detuvo unos instantes a observar todo lo que allí había, y que de forma avariciosa había deseado para ella sola, vio a otras personas sentadas alrededor de la mesa. También tenían los brazos entablillados, todas proferían maldiciones y estaban iracundas, se sentían frustradas y lloraban. Pero su destino parecía irremediable.

«Estaba equivocada», pensó la mujer. «Esto no es el cielo, sino el infierno. Me pregunto cómo será el cielo.»

Sus deseos la transportaron a otra sala de banquete idéntica. Del techo pendían las mismas valiosas arañas de cristal. En las exóticas paredes de madera también había cuadros pintados por grandes maestros. En el centro de la estancia había igualmente una mesa de madera tallada, en la cual también estaban dispuestos los más ricos manjares y los vinos más afamados. De nuevo, volvió a correr para ocupar un asiento, esperando poder participar del banquete. Pero una vez más percibió esa sensación inesperada: sus brazos seguían estando rígidos y entablillados.

Al borde de la desesperación, miró a su alrededor. Había algo muy diferente en el grupo de comensales, pues todos estaban felices y parecían estar saciados. Observó sus brazos y se percató de que también estaban entablillados, al igual que los suyos. Sin embargo estas personas, pese a sus dificultades, se sentían joviales y comunicativas.

Por fin se dio cuenta de dónde radicaba la diferencia. Estos comensales no luchaban por deshacerse del inamovible vendaje, ni trataban codiciosamente de llevarse la comida a la boca. Por el contrario, cada persona cogía algún manjar y se lo ofrecía cortésmente a quien tenía sentado enfrente. En lugar de ver sus restricciones como una incapacidad, las utilizaban para beneficiar a sus compañeros de mesa. Cuando conseguían coger algo de comida se la daban a la persona que había en el otro extremo. La mujer se dio cuenta de que dando a los demás ella también ganaba. Los demás la alimentaban de la misma forma como ella los alimentaba.

«Esto no sólo atañe a la comida», pensó, ya que los comensales también compartían una conversación. Todos intercambiaban historias, irradiaban optimismo y disfrutaban juntos de una feliz experiencia. «Sí», pensó, «esto verdaderamente es el cielo».


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5 comentarios:

Xuan Mcguiver dijo...

Hola Montse, como siempre en tu línea, incansable. Es muy edificante encontrar personas y profesionales como tu que, humildemente, incansablemente, como una hormiguita, aportan día a día su "granito" al silo del hormiguero.
Gracias por la parte que me toca...

Montse Garcia dijo...

Hola Xuan¡¡¡

Ya echaba de menos tus comentarios, me alegra mucho verte de nuevo por aquí y que me des tantos ánimos.

Supongo que habrás estado de vacaciones viendo a tu familia. Espero que las hayas disfrutado.

Un beso.....y muchas gracias.
Montse

Tiempo Terapéutico dijo...

Cómo siempre Montse, desde que te conocemos; qué bien trabajadas tus publicaciones, cuánto "tiempo" y cuánto amor le pones a la profesión. Muchas gracias por estar ahí compartiendo tu conocimiento y experiencia. Un abrazo. Lili S. de T.T.

Montse Garcia dijo...

Gracias a ti Lili por seguir mis publicaciones.

Compartimos varios grupos relacionados con la psicología y por ello conozco y valoro mucho las aportaciones que Tiempo Terapéutico hace.

Por cierto que estuve viendo vuestra página profesional y me gustó muchísimo, especialmente el artículo tuyo en el espacio de monografía del duelo, excelente. Muchas gracias por compartirlo.

Aprovecho para invitar a leerlo a todo aquel que esté interesado por el tema, aquí dejo el enlace.

http://www.tiempoterapeutico.es/monografia-del-duelo.html



Un fuerte abrazo
Montse

Juan Carlos Albaladejo dijo...

Montse, te he comentado en Linked In.
Aquí sólo remarcaré la curiosa ¿coincidencia? de que en mi despacho tengo un cartelito vertical donde me escribieron en chino (y a mano) un fragmento del Tao: "Dar generosamente". El Sabio no acumula, reparte sus dones, y cuanto más reparte, más tiene.
Un beso,
Juan Carlos Albaldejo