domingo, 17 de julio de 2016

CUENTO. EMPUJA LA VAQUITA

EMPUJA LA VAQUITA.


Salir de la nuestra zona de confort. Sobre el miedo que nos impide avanzar-


Anónimo.
 
Un maestro muy sabio paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comentó a su aprendiz sobre la importancia de visitar a la gente para conocer personas y aprovechar las oportunidades de aprendizaje que nos ofrecen de estas experiencias.

Llegando al lugar constató la pobreza del sitio. Los habitantes del lugar eran una pareja y tres hijos, vivían en una casa de madera, y estaban vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin calzado. Entonces el maestro se aproximó al señor, que parecía el padre de familia y le preguntó: 

- En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿como hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?

El señor calmadamente respondió: 

- Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto lo vendemos o lo cambiamos por otros alimentos en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo.

El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue junto a su alumno.

A mitad del camino, se giró hacia su fiel discípulo y le ordenó: 

- Busca la vaquita, llévala al precipicio de allí enfrente y empújala por el barranco.

El joven espantado miró al maestro y cuestionó su mandato y le dijo que la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia. No obstante, como percibió el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden. Así que empujo la vaquita por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedo grabada en la memoria de aquel joven durante algunos años. 



Un bello día el joven resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar y contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía que todo estaba muy bonito, con árboles floridos, con un vehículo en el garaje de una gran casa y algunos niños jugando en el exuberante jardín.

El joven se sintió triste y desesperado imaginando que en el pasado la humilde familia que conoció hubiese tenido que vender el terreno para sobrevivir. Así que aceleró el paso, llegó allá y un señor muy simpático le salió al paso para recibirlo. 

El joven preguntó por la familia que vivía allí hace unos cuatro años y el señor respondió que seguían viviendo allí. Asombrado el joven entró corriendo a la casa y constató que era la misma familia que visitó hace algunos años con su maestro.


El joven elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaquita): 

- ¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?

El señor entusiasmado le respondió: 

- Nosotros teníamos una vaquita que cayó por un precipicio y murió, entonces nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos, así alcanzamos el éxito que tus ojos ven ahora.

"Todos tenemos una vaquita que nos proporciona alguna cosa básica para nuestra supervivencia, la cual es una convivencia con la rutina, NOS HACE DEPENDIENTES, Y A VECES NUESTRO MUNDO ACABA REDUCIÉNDOSE A LO QUE LA VAQUITA NOS PRODUCE impidiéndonos ver qué podríamos encontrar más allá".

Montse García


 
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