jueves, 14 de julio de 2016

UN CASO DE MISOFONÍA

UN CASO DE MISOFONÍA


Montse García


Hasta hace un par de meses no había escuchado esta palabra, Misofonía, sin embargo este es un trastorno neurológico que existe y que puede resultar bastante incapacitante para la persona que lo sufre. Se conoce también como síndrome de sensibilidad selectiva al sonido o 4S.

Conocí la misofonía de primera mano por un caso que me llegó a la consulta. Un varón de unos 10 años cuyos padres estaban desesperados por el curioso e inaceptable comportamiento que mantenía su hijo dentro del hogar, con sus padres y hermano pequeño, aunque más intensamente con su padre. El chico se enfadaba terriblemente con su familia sobre todo en los momentos de las comidas o cuando pasaban ratos muy juntos sentados en el sofá. Había veces que, llamémosle Pepe, gritaba a los miembros de su familia que callaran, les soltaba todo tipo de improperios, insultos e incluso llegaba a tirar objetos por el suelo por el simple hecho de escuchar la respiración de alguno de ellos (fundamentalmente  si procedía del padre). También  cualquier  sonido al masticar, tragar e incluso el tintineo de los cubiertos en el plato originaban una fuerte y agresiva reacción en Pepe. Otros sonidos que no toleraba bien era el oír sorber por la nariz o de que alguien se sonase cuando estaba resfriado.

Lo que más les extrañaba de esto es que Pepe era un niño que fuera de casa no presentaba problemas de conducta ni de relación con sus iguales ni en el colegio con los profesores. Los papás de Pepe creían que, o bien no le molestaban los sonidos que hacían personas que no eran de la familia, o es que tal vez el niño tenía algún “rencor” oculto que lo llevaba a proceder de ese modo tan agresivo con sus padres y hermano.

La tensión en casa iba creciendo progresivamente, intentaron diferentes estrategias que les posibilitaran una mejor convivencia, pero si bien algunos días éstas parecían funcionar y todo transcurría con más o menos tranquilidad, había otros en los que ni siquiera evitar estos momentos “críticos” o las amenazas de castigos eran suficientes para que Pepe contuviese sus arranques de rabia, porque así los describían sus padres, como rabia. Llegaba Pepe hasta el punto de gritar a su familia que los iba a matar y que ojalá se murieran.

Ya os podéis imaginar la congoja de esos padres, una familia normal, estructurada y bien avenida que no sabían qué hacer ante la violencia y agresividad de los arranques de su hijo, que por otro lado, iban en aumento con el paso de las semanas.

En primer lugar los padres acudieron a su pediatra para comentarle la conducta agresiva y desadaptada que mantenía, y ésta recomendó a los padres que acudieran a la consulta psicológica para tratar de reconducir el comportamiento disruptivo y alterado de Pepe.

Así se evaluó la situación y se pusieron en marcha algunas estrategias de modificación de conducta que deberían de haber servido para mejorar inicialmente la situación. No obstante, todos estos esfuerzos no dieron los resultados esperados y por ello urgía un replanteamiento del caso.

Tras analizar nuevamente los datos disponibles e investigar diferentes posibilidades, me di cuenta de que el comportamiento de Pepe tenía visos de ser impulsivo e involuntario, y que el niño verdaderamente lo pasaba mal por conducirse de forma tan agresiva, hasta el punto de tener un autoconcepto bastante negativo y una autoestima deteriorada. Pensé que esto era algo más que un tema psicológico puro y duro, y seguí indagando hasta que di con este trastorno, la misofonía.

¿En qué consiste la misofonía?

Como dije al inicio, es un trastorno neurológico del que no se saben aún demasiadas cosas, ni siquiera se conocen con exactitud las estructuras cerebrales que están implicadas en esta alteración. Se dice también que podría ser una condición neurológica muchas veces asociada a experiencias negativas.

Esta afección se agrupa junto a otras como la hiperacusia y la fonofobia que implican baja tolerancia a los sonidos. Sin embargo, a diferencia de la hiperacusia, en la cual las personas parecen tener un sistema auditivo mucho más sensible que el de la mayoría de la gente y por ello no toleran los ruidos fuertes o los agudos, en el caso de la misofonía, la hipersensibilidad a los sonidos es específica y los que la sufren no pueden soportar unos sonidos muy concretos. Los más habituales son:

· Sonidos al comer o masticar, sonidos de la boca. Masticar algo crujiente, sorber la sopa, mascar y comer a la vez, cubiertos chocando entre sí, sonido de los besos, carraspeos o bostezos…
·  Sonidos de la nariz. Estornudos, hipo, sonarse la nariz cuando está congestionada…
·  Voces con zumbidos o sibilancias al hablar. Voces muy graves, susurrantes…
·  Sonidos ambientales. Teclado ordenador, clic del ratón, pasar páginas periódico, bolsas de la compra, tic tac reloj, etc.
· Otros: radio o tv con mucho volumen, una pelota rebotando sin parar, ruido de los electrodomésticos, etc..
·  Estímulos visuales. Algunas personas con misofonía pueden alterarse incluso cuando observan a alguien masticar chicle o realizando algún otro movimiento repetitivo.

Parece ser que al principio un sonido concreto sea el que desencadene la reacción y más adelante la lista de ruidos detonantes del malestar vaya ampliándose. Asimismo parece que la misofonía puede iniciarse a cualquier edad, aunque suele aparecer al final de la infancia, en el caso que arriba se describe se trata de un niño al que empezaron a notarle estos síntomas hacia los 9 ó 10 años.

¿Qué les pasa a las personas con misofonía cuando oyen los sonidos que le desagradan?

Su reacción al escuchar estos sonidos puede ser muy intensa e incluso agresiva, es frecuente además que los ruidos que disparan sus reacciones provengan de su entorno más cercano, familia y/o otras personas cercanas, lo cual hace que su vida familiar y social pueda verse muy alterada, dado que además estos sonidos se generan en los momentos más cotidianos de la persona.

Algunas reacciones que se observan y que pueden hacernos sospechar que una persona tiene misofonía son:

· Conductas agresivas hacia la persona que produce el ruido, pueden gritar, insultar y amenazar con verdadera rabia.
· La persona refiere que siente gran irritabilidad y desagrado al escuchar esos sonidos.
· También parecen tener una necesidad urgente de alejarse de la fuente de ese ruido.
·  El afectado puede llegar a tener ataques de pánico, taquicardias, sudor frío y otros síntomas de ansiedad.
·  Muchas veces pueden sentirse mal tras un arranque impulsivo detonado por cualquier sonido irritante para él/ella, esto les lleva a querer controlar sus reacciones, sin embargo, es probable que fracasen en el intento, ya que su intolerancia llega a ser tan fuerte que su reacción de ira es visceral y llega automáticamente.

Otra característica de la misofonía es que existen diferentes grados y que para medirlos existe una escala de activación de la misofonía (Mosophonia Activation Scale o MAS-1) en la que se diferencian 11 niveles:

Nivel
Síntomas
0
La persona afectada oye un sonido que reconoce, pero no siente ninguna molestia.
1
La persona afectada es consciente de la presencia de una persona conocida, pero no siente ninguna ansiedad.
2
Un sonido conocido provoca malestar psíquico: irritación y/o molestia. No hay síntomas de pánico o respuesta de lucha o huida.
3
La persona siente crecientes niveles de malestar psíquico pero no se involucra en cualquier respuesta física. El afectado puede estar vigilante a estímulos audiovisuales.
4
La persona con misofonía se involucra en una mínima respuesta física sin confrontaciones o conductas de afrontamiento, tales como pedir a la persona que le molesta que deje de hacer ruido, discretamente cubriéndose un oído, o pasar tranquilamente lejos del ruido. No hay pánico o síntomas de pánico.
5
La persona adopta mecanismos de supervivencia más drásticos, como cubrirse las orejas, imitando a la persona que le causa la molestia o muestra una irritación manifiesta.
6
La persona con misofonía experimenta un malestar psíquico considerable. Los síntomas de pánico y una respuesta de lucha o huida comienzan a aparecer.
7
La persona manifiesta un malestar psíquico considerable. El uso creciente (más fuerte, más frecuente) de los mecanismos de supervivencia de confrontación. Puede haber excitación sexual no deseada. La persona puede volver a imaginar el sonido que le molesta o las señales visuales, otra vez, a veces durante semanas, meses o incluso años después del evento.
8
Persona con misofonía experimenta malestar psíquico considerable. Algunas ideas de violencia.
9
Pánico/reacción rabia en pleno apogeo. Decisión de no recurrir a la violencia en la persona que causa la molestia. Imaginación del uso de la violencia física sobre un objeto inanimado. Irritación de pánico, la ira de modo grave puede manifestarse en la conducta del afectado.
10
Nivel máximo de misofonía. El uso real de la violencia física contra una persona o un animal (como un animal doméstico). La violencia puede ser infligida contra sí mismo.


¿Existe tratamiento para la misofonía?

Pues parece que no hay un tratamiento para “curarla”. En la actualidad se están empleando terapias cognitivo conductuales para minimizar el impacto que este trastorno causa en el afectado y su familia y ayudar en la comprensión y el manejo del problema.

También pueden realizarse terapias con ruido blanco (tratamiento para acúfenos) que ayudará a aumentar el umbral de sensibilidad a los sonidos, así también el uso de tapones puede ser útil en determinadas ocasiones. Otro  “truco” que emplean algunas personas es escuchar música con auriculares en los momentos más críticos, para que de ese modo la persona pueda reunirse con la familia en esas ocasiones y no se produzca un aislamiento progresivo debido a la evitación de situaciones cotidianas.

Otra sugerencia es realizar meditaciones con cuencos tibetanos, al parecer la vibración producida por los cuencos ha mejorado el cuadro de algunas personas que sufren hiperacusia y sería interesante probar si ocurre lo mismo en misofónicos.

A modo de conclusión

Se trata pues de una alteración que podría ser más frecuente de lo que pensamos, sin embargo no es fácil detectarla dado que muchos profesionales desconocen su existencia.

Asimismo tampoco están muy claras que estructuras cerebrales hay implicadas en su origen y en la actualidad no existen tratamientos que puedan hacer desaparecer el trastorno.

Por otro lado, dependiendo de la gravedad de la misofonía, no podemos obviar las serias consecuencias que puede tener en las personas que sufren este trastorno, las cuales se sienten incomprendidas por la gente que suele calificarlos como personas exageradamente sensibles o “delicadas” o irritables. Esto puede afectar gravemente a sus relaciones personales y familiares, la persona puede retraerse cada vez más como una forma de evitar estas fuentes de estrés y además como un modo de no sentirse juzgados por la gente de su entorno.

Es importante pues, que esta afección sea detectada cuanto antes y las personas con misofonía acudan a reconocimientos periódicos con su médico y realice las diferentes terapias que les recomienden a modo de atenuar los efectos de este síndrome.


Fuentes consultadas. Para saber más:








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